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giovedì 21 novembre 2024

FIESTA DE LA PRESENTACIÓN DE MARÍA EN EL TEMPLO. Oración. PÍO XII. (21 noviembre)





Queridos hermanos,

que en esta bellísima y santa fiesta de la PRESENTACIÓN de nuestra Señora en el Templo, sea una fuente de inspiración para que cada uno de nosotros se incline en la perfección de las virtudes, que nuestro barro, nuestra tierra...es decir que toda nuestra persona pueda ser siempre tierra fértil y dócil para que Dios obre maravillas en nosotros, tal cuál como lo hizo con nuestra querida Madre celestial.

A continuación, les dejo una bellísima oración con ocasión de esta hermosa fiesta mariana del Papa Pío XII.



ORACIÓN DE SU SANTIDAD PÍO XII

A LA VIRGEN INMACULADA

PARA RECITARSE EN EL AÑO MARIANO


Fiesta de la Presentación de María

Sábado, 21 noviembre 1953


A la beata Virgen María,

concebida sin pecado original





Raptados del fulgor de vuestra belleza celeste y suspendidos en la angustia del siglo, 

nos arrojamos a vuestros brazos, oh! Inmaculada Madre de Jesús y Madre nuestra, 




María, confiados de encontrar en tu corazón amantisimo el cumplimiento de nuestras más fervorosas aspiraciones y el puerto seguro entre la tempestad que de todos lados nos aprietan.

Aunque abatidos de las culpas y abrumados de infinitas miserias, 

admiramos y cantamos la incomparable riqueza de excelsos dones, de los cuales Dios la ha completado más allá de toda otra criatura pura, desde el primer instante de su concepción hasta el día, en el cuál, Asunta al cielo, la ha coronado Reina del universo.





Oh! Fuente limpia de fe, 

pulveriza con las eternas verdades nuestras mentes!

Oh! Lirio fragante de toda santidad,

acércate a nuestros corazones con vuestro perfume celestial!





Oh! Triunfadora del mal y de la muerte,

inspíranos horror profundo al pecado,

que hace al alma detestable a Dios y esclava del infierno!





Escucha, oh! Predilecta de Dios,

el ardiente grito que de cada corazón fiel se alza en este Año a ti dedicado.

Inclínate sobre nuestras llagas dolorosas.




Cambia las mentes a los malvados,

seca las lágrimas de los afligidos y de los oprimidos,

conforta a los pobres y a los humildes,

apaga los odios,

endulza las costumbres ásperas,

custodia la flor de la pureza en los jóvenes,

protege la Iglesia santa,




haz que todos los hombres sientan la fascinación de la bondad cristiana.

En tu nombre, 

que resuena armonía en los cielos,

ellos se reconozcan hermanos,

y las naciones miembros de una sola familia,

sobre la cual resplandece el sol de una paz universal y sincera.




Acoge, oh! Madre dulcísima,

nuestras humildes súplicas, y

obténnos sobre todo,

que podamos un día repetir delante de tu trono,

bendecidos contigo,

el himno que se eleva en la tierra en torno a tus altares:




TODA BELLA ERES OH! MARÍA,

TÚ, GLORIA

TÚ, ALEGRÍA,

TÚ, HONOR DE NUESTRO PUEBLO!

Así sea.












FUENTE : La Santa Sede (Italiano)

TRADUCCIÓN : María Gladys.vc













venerdì 20 settembre 2024

Apariciones marianas : LA SALETTE. Melanie y Maximin (19 septiembre 1846) LEÓN BLOY

           


Queridos hermanos,

nuestra Señora de la Salette se aparece en Francia en 1846, en una pequeña localidad llamada la La Salette - Fallavaux, en el departamento de Isére, cerca de Corps; a dos pastores Melanie y Maximin, de 15 y 11 años respectivamente.

Se podría decir que la aparición consta de tres momentos:

1) aparece una luz resplandeciente con una hermosa Señora sentada, que está llorando y con la cabeza entre las manos.

2) se levanta y les confiere el mensaje, les habla en francés y en patois (dialecto del pueblo).

3) luego a cada uno le confiere un mensaje y se va elevando y desapareciendo en el cielo.

El mensaje radica en el dolor que le produce a Dios el pecado de la humanidad (autoridades no dirigen a su pueblo hacia Dios sino que los orientan a la vida de vicios y desorden de toda índole. Incluso los consagrados a Dios viven este desorden moral. Las blasfemias abundan en la vida cotidiana, no se guarda la cuaresma y el día domingo no se alaba a Dios, saturándose de mil actividades).

Por ello nuestra Señora de la Salette nos exhorta :

1) a la PENITENCIA,

2) a la PERSEVERANCIA EN LA ORACIÓN,

3) a la fidelidad de vivir el DÍA DOMINGO EN ACCIÓN DE GRACIAS.


Estos dos pastorcitos, sus vidas no culminan como la de otros videntes que conocemos. No son declarados santos y transcurren sus vidas como la de cualquiera de nosotros. Pero con un añadido singular "vieron a la Virgen"!!!...

Mélanie fallece a los 73 años y Maximin a los 39 años. Mélanie está enterrada en la iglesia de la Inmaculada (Puglia- Italia) y Maximin, en el cementerio de Corps (Francia).

Son "los Santos de la puerta de al lado", - de los cuales tanto gusta hablar a Papa francisco- y también aquellos en los cuales "la gracia incógnita" se manifiesta.




León Bloy, escribe un libro muy interesante al respecto: "LA QUE LLORA". Se los recomiendo, al final les dejo el pdf.

León describe al detalle la azarosa vida de estos dos videntes, a continuación les dejo los textos, para que puedan comprender la situación existencial que atravesaron estos dos niños que se hicieron adultos después de ver a nuestra Madre. 




XVI (pág. 61)

DONES PROFETICOS DE MELANIA


Después de lo que acaba de ser leído, fácil será comprender al exasperación de la multitud soberbia de los eclesiásticos, principalmente los honorables, aunque despreciadores de las exigencias de la Santidad o del Heroismo.

No habria digresión en recordar aqui la admirable fórmula del filósofo Blane de Saint-Bonnet: "El clero santo hace al pueblo virtuoso; el clero virtuoso hace al pueblo honesto; y el clero honesto hace la pueblo impío. ¿" Acaso estamos todavía en el periodo del clero honesto? Eso, que pudo ser un interrogante en 1879, ¿por qué no habría de serlo hoy? Me parece que al cabo de tantas gracias y de tantos crímenes, el collar de la maldición debe ser infinitamente más suntuoso. ¿Por qué no habríamos de hallarnos en pleno diabolismo puro? Es muy cierto, de fácil y directa observación, que la sola mención, no digo ya de la Salette, sino del Secreto de Melania, o simplemente el nombre de Melania, basta en Francia para agitar los seminarios y las sacristías, para trastornar a un buen número de nuestros obispos. Plugo a Maria servirse de una pastorcilla para espantar a poderosos pastores, como si ésta hubiera sido un coloso delante de muy tímidos lobos. Et ridebit.... Et subsannabit.

¿Es, pues, exacto que estamos maldecidos? Si sólo se tratara de una impostura más o menos fácil de demostrar, no habria lugar a tanto estruendo. Pero se ha probado hasta la saciedad, indiscutiblemente, por milagros de curas, de conversiones, de profecías, que es la Madre De Dios, la Madre de la Verdad eterna la que ha hablado por su Boca y esto es lo que no se puede soportar (1).

No bastaba hacer creer que esos pastores tan obstinados en sus testimonios y a los cuales no había medio de "sellar" los labios eran almas perdidas, mil veces indignas de la gracia inaudita que habían recibido, y que su misión, luego del Discurso público, había terminado definitivamente; era menester, sobre todo, ocultar al mismo tiempo que sus virtudes, su don sobrehumano de profecía, lo que resultaba sumamente difícil.

En marzo ed 1854 (téngase presente esta fecha) Melania anunciaba ya a los prusianos, designándolos por su nombre, y el incendio de París. Resumiendo el reinado de Napoleón III en tres palabras: Hipocresía, Ingratitud y Traición, el emperador era para ella "el hipócrita, el bribón, el ingrato, el miserable, el cínico, el traidor, el perseguidor de la Iglesia y del Papa, el que destronaba a Dios para coronar al diablo". No contenta con ese lenguaje, dedicabase a ciertos actos singularmente significativos. Sábese que en 1854 abandonó el convento de la Providencia, en Corenc, para ser enviada a Inglaterra: pero luego de su partida se advirtió que había grabado con una navaja, en al madera de su mesa, estas palabras: "PRUSIANOS 1870". Todavía en Corenc, la maestra de su clase le dio una vez un mapa de Francia para estudiar. La pobre niña rompió a llorar y tachó de un trazo al Alsacia y la Lorena. El 82 de noviembre de 1870, después de los desastres, ella escribió a su madre: "Hace veinticuatro años que yo sabía de esta guerra; veintidós años hace que dije que Napoleón era un pillo y que arruinaría nuestra pobre Francia"

En otras admirables cartas explica lo que denominaba su "Mira" (2). Tenía realmente la visión actual y universal de las cosas venideras, "y todo eso en una sola palabra que escapa de los labios de La que hace temblar el infierno, la Virgen Maria".... Yo encuentro muy difícil representar una cosa que no tiene comparación... Cuando la Santa Virgen me hablaba, yo veía realizarse lo que Ella decía; veía el mundo entero; veía el ojo del Eterno; era una escena en movimiento; veía al sangre de los que morían y la de los Mártires." "La Santa Virgen, EN UNA SOLA PALABRA, puede decir y hacer comprender lo suficiente para ser escrito durante cien años... Ella pronunciaba todas las palabras, ya del Secreto, ya de las Reglas, y yo podía adivinar o asimilar todo lo que ellas entrañaban. Se había descorrido un inmenso velo, los acontecimientos aparecían a mis ojos y a mi imaginación a medida que María hablaba, y delante mio se desarrollaban grandes espacios; veía las mutaciones de al tierra, y Dios, impasible en su gloria, contemplaba a la Virgen que se inclinaba para hablar a dos puntos." (Ella y Maximino) (3),

En 1871 escribió a Thiers, suplicándole, conjurándolo a sacar al estatua de Voltaire, cuya presencia en Paris era a sus ojos un peligro espantoso para toda Francia. Agregaba que si el gobierno no hacía observar los Mandamientos de Dios, los castigos recibidos serían nada en comparación con las sanciones venideras. Es de imaginar en qué modo habrá acogido esa carta el octogenario volatinero.

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(1) -El Evangelio, ¿está o no cerrado? preguntábame hace unos veinticinco años un famoso asuncionista, enemigo de las profecías y de las iluminaciones excepcionales.

-Menos que vos, mi querido padre, le  respondí.

Esto no era muy espiritual, pero se hace lo que se puede, en última instancia.

(2) "Desde al Aparición, dice el abate Feliciano Bliard, la Pastora ha conservado siempre una vista clara y distinta de todas las partes del Secreto  aún cuando este es de gran extensión y muy complejo; ella ha conservado el recuerdo fiel de todas las palabras ed la Santísima Virgen y el entendimiento de todo lo que ha oído. Al mismo tiempo que la Virgen hablaba a la pequeña Pastora, elevábase ésta a una sublime visión en la cual veía nítidamente cuanto le era dicho. Y por espacio de un cuarto de siglo nada se le ha escapado, todo ha quedado fielmente guardado en su espíritu. De ahí el conocimiento tan seguro que parece tener respecto del porvenir. En las prolongadas entrevistas quo yo he mantenido con ella me ha pasmado la lucidez, la precisión, la firmeza inconmovible de sus ideas. Volviéndola al mismo asunto, siempre la encontré igual a si misma, sin sombra de vacilación. Por lo demás, es parca en palabras, y la he hallado admirable de sencillez, de candor y de prudencia. Cuando en nuestras conversaciones yo tocaba puntos que ella no debía descubrir aún, tenía oportunidad de admirar su silencio o la habilidad con que sabía eludir toda respuesta.

(3) Nuestra Señora de la Salette y sus dos Elegidos. La correspondencia de Melania (ciento sesenta cartas) da a este libro un interés extraordinario y sobrenatural. Se tiene como la sensación de haber escalado felizmente la Montaña de los Profetas, que está "por cima del globo terrestre", según la expresión de Ana Catalina Emmerich.




XVII (pág. 64)

DONES PROFETICOS DE MAXIMINO



¿Qué hombre ha sido más vilipendiado que

Maximino? Aun aquellos que el debían todo, los pretendidos Misioneros, dejáronle perecer de miseria en su vecindad, abusaron horriblemente de su prestigio sacerdotal para deshonrar a ese pobre que los había creado, que los había vestido y alimentado, que les había dado sus montañas y su cielo, y el Paraíso en el corazón, si ellos lo hubieran querido (1). Se sabe que los verdaderos cristianos son los más desarmados de los hombres, puesto que la Caridad y la Humildad, les impiden defenderse. Melania "aventurera", Maximino "borracho" ¡epitetos inseparables! Se ha visto a peregrinos espantados del porvenir eterno de este Alejo en el reducto de la casa de su Madre.

Pero, he aquí el testimonio de Melania: "Bueno y leal Maximino!...

Yo creo que él ha sufrido mucho y siempre en silencio; en verdad me siento llena de confusión cuando veo cuán lejos estoy de su vida, enteramente sumida en Dios; si yo llegara al cielo, ni siquiera alcanzaría a sus plantas. Con frecuencia el ruego que me obtenga esa generosidad de alma que me seria tan necesaria... Mucho os agradezco la preciosa fotografía del buen Maximino; lo he reconocido en sus ojos cándidos e inocentes. Pienso siempre en él y en todo lo que ha sufrido con paciencia extraordinaria, con ese gran espíritu de fe que le hacía ver a Dios en todos los instrumentos de Dios, en las personas que le hacían padecer..". Virginitate clara floruit, se dijo en sus funerales. No tiene necesidad de De Profundis sobre su tumba; cantemos el Gloria Patri, y el Te Deum le procurará un acrecentamiento de gloria en el cielo donde habita." Tam- bién éstas son palabras de Melania.

El mismo Maximino, con mucha anticipación, también había visto el peligro prusiano: "La Italia unida, escribía en 1866, es la enemiga de Francia, como el veneno es el enemigo del hombre. Todos los franceses que tienen sangre en las venas, deberían acudir en auxilio de Roma, y abatir la unificación italiana como se destruye un áspid. Los prusianos, cuya única afinidad con los italianos es su odio contra al religión de Nuestro Señor Jesucristo, se unirán a su vez, un día, para castigarnos por nuestra infidelidad hacia nuestro derecho de primogenitura en la defensa y protección, entera y universalmente, de la Religión y del Papado... Mucho me temo que nuestro afecto por Italia y nuestras complacencias con Prusia se vuelvan contra nosotros, y un día no lejano."

El 29 de julio de 1851, Maximino había dicho a un personaje absolutamente digno de fe, M. Dausse, ingeniero de Grenoble que ha dejado curiosos Recuerdos: "Cuando Paris esté ardiendo habrá en torno cuatro reyes", lo que se ha cumplido al pie de la letra. (Los reyes de Prusia, de Baviera, de Wurtemberg y de Sajonia). El nombrado ingeniero cuenta asimismo que en 1854, antes de la guerra de Crimea, M. Michal, cura de Corente, afirmaba en presencia de Maximino que el Emperador, en una reunión diplomática de las Tullerías, había descendido de su trono para estrechar al mano al Embajador de Rusia, a raíz de lo cual, como es natural, se hizo carne en al opinión que no habría guerra con esta potencia. "Entonces, prosigue el narrador, Maximino puesto delante suyo, los brazos en cruz, responde categóricamente: —¿Sí? ¡Pues yo el digo a usted que habrá guerra con Rusia!...

Otro caos más asombroso. Halándose Maximino en la montaña, el 18 ó 19 de setiembre de 1870, hablóse de la predicción de Melania: París será incendiado. Uno de los asistentes dio al momento la explicación natural: "Será por obra de los prusianos" -No, no, replicó Maximino, Paris no será incendiado por aquéllos, sino por su CANALLA.

El 4 de diciembre ed 1868, Maximino era recibido en el arzobispado de Paris, donde quiso verlo Monseñor Darboy, tan admirablemente domesticado, como es sabido, por el Emperador. La entrevista, narrada por Maximino, fue larga. Su Grandeza, que sin duda esperó constreñir al pastor a develar su secreto, habló en un tono como para escandalizar a su interlocutor, que había sido guardia pontificio, acusando a al Santa Virgen de exagerar las consideraciones que se deben al Papado y de no haber hecho más que profecías al azar.

-"¡'También yo podría hacer profecías de esa clase!", atrevióse a decir ese arzobispo. Y por fin, exasperándose hasta la blasfemia: "-En suma ¿qué es un discurso como el de vuestra pretendida Bella Señora? Es tan poco francés como falto de sentido común. Es un estúpido discurso. Y el Secreto no puede ser mejor...¡No!; yo, arzobispo de Paris, no puedo autorizar una devoción semejante!"

Maximino, humillado por ese príncipe de la Iglesia, que a tal punto perdía la cabeza en su presencia, quiso que Nuestra Señora de la Salette tuviera la última palabra. "Monseñor, respondió con firmeza, tan cierto es que la Santa Virgen se me apareció en la Salette, y que me habló, como es exacto que en 1871 vos seréis fusilado por la turba." Asegúrase que tres años más tarde, en la Roquette, el prelado, prisionero, respondió a los que trataban de salvarlo:

—"Será initil: Maximino me ha dicho que yo seria fusilado."

El célebre abogado de la Salette Amadeo Nicolas relata este hecho, del que fuera testigo en la Montaña en agosto de 1871: "Un sabio profesor de teología y su amigo, cura en una gran ciudad, habían llegado a la Salette con una docena de objeciones preparadas y estudiadas de antemano, con el fin de proponérselas a Maximino cuando éste dejara su tienda, para ir, a pedido de los peregrinos (que le preferían a los misioneros), a hacer el relato del Milagro. 

Así que Maximino hubo terminado, el profesor propuso la primera objeción. Maximino limitó a decir: "Pasad a la segunda". Y así hasta llegar a la quinta, a la que respondió con algunas palabras. Estas palabras bastaron para deshacer todas sal anteriores objeciones, así como para invalidar las siete restantes. A lo cual, el profesor y el cura nos dijeron, pues nos hallábamos a su lado: "Este joven no se aparta de su misión; hoy, como en el primer momento, está asistido por la Santa Virgen; esto es evidente para nosotros. Ni el más sabio de los teólogos del mundo hubiera sido capaz de semejante esfuerzo. Decididamente, todo esto es sobrehumano. Nos ha probado el Milagro en forma que no hubieran podido hacerlo las más fuertes demostraciones (2)."

La vida de Maximino ha sido de las más accidentadas. Después de haber pasado algunos años en un seminario, fue soldado, y luego estudiante de medicina. Pero en todo fracasó y vióse reducido a servir a obreros para poder ganarse el sustento.

    Hallándose en Paris, en la más completa desnudez, empeñó una de sus prendas en el Monte de Piedad. Un día, falto del último recurso, sin tener nada para comer, entra en San Sulpicio y se pone de rodillas ante el altar de la Santa Virgen. "Yo tengo hambre, mi buena Madre; ¿me dejaréis morir de hambre? Y sin embargo, todo lo que me habéis mandado hacer, lo he hecho. He difundido por todo vuestro pueblo las graves y solemnes advertencias que vinisteis a traer. Poco me falta ya para sucumbir de inanición. Si vos no queréis sacarme de la miseria en que estoy, he de dirigirme a vuestro esposo San José, que tendrá piedad de mi."

    Debilitado por un ayuno prolongado, terminó por desvanecerse. Un desconocido lo despierta invitándole a seguirle a un restaurante, donde el hace servir una abundante comida. Cuando Maximino queda satisfecho, el desconocido paga la consumición y le dice que vaya al Monte de Piedad a rescatar al prenda pignorada. Agrega que en un bolsillo de esa ropa encontrará un billete de banco que lo pondrá al amparo de la miseria. Apunto desapareció. Nunca supo Maximino quién era ese hombre. ¿Cómo supo ese desconocido que él había empeñado al ropa en el Monte de Piedad? ¿Cómo sabía que en el bolsillo de esa prenda había un dinero que aseguraba su porvenir? No pudiéndose explicar naturalmente una cosa tan extraordinaria, siempre creyó que el desconocido era San José.

    Dócilmente Maximino vase hasta el Monte de Piedad, y en efecto, halla en un bolsillo de su ropa un testamento que una persona caritativa había hecho en su favor. Por ese testamento se le brindaba la oferta de ser recibido por una familia, y se le dejaba quince mil francos para subvenir a sus necesidades. ¿Cómo se hallaba en el bolsillo de su traje ese testamento? No lo ha sabido nunca. Pero, ¿cuál era el valor real de ese documento? Maximino lo presentó a un notario, el que lo juzgó formal e hizo los trámites necesarios. Entregósele, pues, al cantidad de quince mil francos, con los cuales inició un negocio de hacienda, en el que se arruinó (3). Su misión exigía que viviera y muriera en la indigencia. ¡Cuántas otras anécdotas similares!

    Desde aquí oigo el coro de las voces sacristinas: "¡La santidad de Melania y de Maximino, y su estado de profetas! ¡Pero, señor mio, esto da en tierra con todas nuestras ideas! ¡No se nos hará creer que tantos buenos cristianos, tantos venerables pastores, durante tantos años no hayan sabido nada, y que se haya podido establecer una leyenda opuesta! Esta suposición es absurda." Esto trae a mi mente la buena respuesta del viajante de comercio a quien se hablaba del Palacio de los Papas en Avignon: ¡"Qué cosa más chusca! ¡Si hubiera habido papas en Avignon, se sabría!" ¡Ah! sin duda alguna. Algo de esto se sabe, pero se regla sin excepción que, para saber, es menester instruirse con el candor de un niño y la humilde voluntad de esos otros pastores a quienes los ángeles de la Natividad prometieron antaño "paz en la tierra"."Invenietis in- fantes, pannis involutos et positos in praesepio (4),"

    La ignorancia, culpable o no, del hecho más trascendental de la historia moderna y de su inmediata consecuencia, esto es, la santidad de los dos Testigos, no impedirá a éstos continuar su misión desde el fondo de sus tumbas, que quizás llegue el día en que al Iglesia llame milagrosas. Defuncti adhuc loquuntur. Esta ignorancia monstruosa en todos los casos, no será óbice a la esperanza de algunas almas ni a los centenares de millones de brazos torcidos por la desesperación, en la hora señalada.

    Se recuerda que el Secreto de Melania fué publicado en 1879, con el imprimatur de Monseñor Zola, obispo de Lecce. Esta fórmula latina, significativa, para la santa niña, de tantas amarguras, tribulaciones y luchas, fijóse en su memoria, extraña y profundamente.

    "¡Puesto que no se quiere el Mensaje, remedio de nuestros males, la divina Justicia vengará la ingratitud de los hombres y dará el IMPRIMATUR a los azotes anunciados por al Reina de los Angeles!" Así se expresaba la Pastora de la Salette, el 23 de mayo de 1904.

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(1) El antiguo alcalde ed Corps, señor Barbe, tiene en su poder un billete de 200 francos (creo), que Maximino había tomado en los Misioneros para no morir de hambre. Lo rescató después de la muerte de Maximino, pagándolo a fin de tener en prueba de 1a dureza y la avaricia de aquéllos. M. Barbe, a quien yo escribiera inútilmente para tener una fotografía de ese documento, ¿vive todavía?

(2) Defensa y explicación del Secreto de Melania. Nimes, año 1881.

(3) Melania. Pastora de la Salette y el Cardenal Perraud, Paris. Chamuel, 1898.

(4) Pido perdón por la libertad que al parecer me tomo con el texto de San Lucas, pero se me hace imposible no evocar la Natividad cuando pienso en los dos sublimes pobres niños sobre su Montaña.


FUENTE :

- León Bloy. LA QUE LLORA. (Nuestra Señora de la Salette). Buenos Aires 1947. Pg. 61-68.  PDF




NOTA : Si gustas puedes visitar estos links relativos al tema...

LA SALETTE. SAN JUAN PABLO II (19 septiembre)

- Nuestra Señora de la Salette. MENSAJE (19 septiembre 1846

- MARÍA. VIRGEN DE LA SALETTE. FRANCIA 1846. Fiesta litúrgica 19 septiembre. (Videos)










SAN JOSÉ, Custodio de la Sagrada Familia,

protege a nuestra santa madre la Iglesia...







venerdì 2 dicembre 2022

La INMACULADA CONCEPCIÓN !!!!... Ineffabilis Deus. Pío IX (Epístola apostólica). (8 diciembre)



Queridos hermanos:
cada 8 de diciembre celebramos el día de la Inmaculada Concepción. Fiesta en la cuál queremos exaltar la concepción virginal de la Virgen María, vale decir, María fue concebida sin la mancha del pecado original, es decir, no lleva en ella el pecado de nuestros primeros padres, Adán y Eva, la desobediencia a los mandatos de Dios...




Dios, la quiso preservar de esa mala inclinación y el Espíritu Santo la colmó de sus dones, que Ella en su cotidianidad va acogiendo en su sencilla y libre  humanidad. Es precisamente, por los méritos de Cristo, pues será su Madre, el primer sagrario viviente en nuestro mundo.







Queridos hermanos, 
a continuación les dejo la Epístola apostólica, escrita por Pío IX, en la cuál nos explica detalladamente los fundamentos de este gran dogma mariano : La Inmaculada Concepción!..

Un dato histórico muy interesante, es que el dogma se emite en el año de 1954, y posteriormente a los cuatro años en Lourdes, Francia. 




Nuestra Señora se manifiesta a una pastorcita adolescente, Bernardette Soubirous, y después de varias apariciones, por encargo del párroco - que por cierto, era renuente a las apariciones de la Virgen- debía de preguntarle quién era; pues, la respuesta tácita y concisa de la Madre de Dios fue:

"YO SOY 
LA INMACULADA CONCEPCIÓN"...




Sin duda alguna, los tiempos de Dios son perfectos!!!.. Verdad?

Les dejo el índice general de la epístola apostólica para que lo lean y mediten detenidamente...



ÍNDICE :







"INEFFABILIS DEUS"
SOBRE LA INMACULADA CONCEPCIÓN

Epístola apostólica
Pío IX
8 de diciembre de 1854





1. María en los planes de Dios.




El inefable Dios, cuya conducta es misericordia y verdad, cuya voluntad es omnipotencia y cuya sabiduría alcanza de límite a límite con fortaleza y dispone suavemente todas las cosas, habiendo, previsto desde toda la eternidad la ruina lamentabilísima de todo el género humano, que había de provenir de la transgresión de Adán, y habiendo decretado, con plan misterioso escondido desde la eternidad, llevar al cabo la primitiva obra de su misericordia, con plan todavía más secreto, por medio de la encarnación del Verbo, para que no pereciese el hombre impulsado a la culpa por la astucia de la diabólica maldad y para que lo que iba a caer en el primer Adán fuese restaurado más felizmente en el segundo, eligió y señaló, desde el principio y antes de los tiempos, una Madre, para que su unigénito Hijo, hecho carne de ella, naciese, en la dichosa plenitud de los tiempos, y en tanto grado la amó por encima de todas las criaturas, que en sola ella se complació con señaladísima benevolencia. Por lo cual tan maravillosamente la colmó de la abundancia de todos los celestiales carismas, sacada del tesoro de la divinidad, muy por encima de todos los ángeles y santos, que Ella, absolutamente siempre libre de toda mancha de pecado y toda hermosa y perfecta, manifestase tal plenitud de inocencia y santidad, que no se concibe en modo alguno mayor después de Dios y nadie puede imaginar fuera de Dios.

Y, por cierto era convenientísimo que brillase siempre adornada de los resplandores de la perfectísima santidad y que reportase un total triunfo de la antigua serpiente, enteramente inmune aun de la misma mancha de la culpa original, tan venerable Madre, a quien Dios Padre dispuso dar a su único Hijo, a quien ama como a sí mismo, engendrado como ha sido igual a sí de su corazón, de tal manera que naturalmente fuese uno y el mismo Hijo común de Dios Padre y de la Virgen, y a la que el mismo Hijo en persona determinó hacer sustancialmente su Madre y de la que el Espíritu Santo quiso e hizo que fuese concebido y naciese Aquel de quien él mismo procede.

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2. Sentir de la Iglesia respecto a la concepción inmaculada.






Ahora bien, la Iglesia católica, que, de continuo enseñada por el Espíritu Santo, es columna y fundamento firme de la verdad, jamás desistió de explicar, poner de manifiesto y dar calor, de variadas e ininterrumpidas maneras y con hechos cada vez más espléndidos, a la original inocencia de la augusta Virgen, junto con su admirable santidad, y muy en consonancia con la altísima dignidad de Madre de Dios, por tenerla como doctrina recibida de lo alto y contenida en el depósito de la revelación. Pues esta doctrina, en vigor desde las más antiguas edades, íntimamente inoculada en los espíritus de los fieles, y maravillosamente propagada por el mundo católico por los cuidados afanosos de los sagrados prelados, espléndidamente la puso de relieve la Iglesia misma cuando no titubeó en proponer al público culto y veneración de los fieles la Concepción de la misma Virgen. Ahora bien, con este glorioso hecho, por cierto presentó al culto la Concepción de la misma Virgen como algo singular, maravilloso y muy distinto de los principios de los demás hombres y perfectamente santo, por no celebrar la Iglesia, sino festividades de los santos. Y por eso acostumbró a emplear en los oficios eclesiásticos y en la sagrada liturgia aún las mismísimas palabras que emplean las divinas Escrituras tratando de la Sabiduría increada y describiendo sus eternos orígenes, y aplicarla a los principios de la Virgen, los cuales habían sido predeterminados con un mismo decreto, juntamente con la encarnación de la divina Sabiduría.

Y aun cuando todas estas cosas, admitidas casi universalmente por los fieles, manifiesten con qué celo haya mantenido también la misma romana Iglesia, madre y maestra de todas las iglesias, la doctrina de la Concepción Inmaculada de la Virgen, sin embargo de eso, los gloriosos hechos de esta Iglesia son muy dignos de ser uno a uno enumerados, siendo como es tan grande su dignidad y autoridad, cuanta absolutamente se debe a la que es centro de la verdad y unidad católica, en la cual sola ha sido custodiada inviolablemente la religión y de la cual todas las demás iglesias han de recibir la tradición de la fe. Así que la misma romana Iglesia no tuvo más en el corazón que profesar, propugnar, propagar y defender la Concepción Inmaculada de la Virgen, su culto y su doctrina, de las maneras más significativas.

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3. Favor prestado por los papas al culto de la Inmaculada.




Muy clara y abiertamente por cierto testimonian y declaran esto tantos insignes hechos de los Romanos Pontífices, nuestros predecesores, a quienes en la persona del Príncipe de los Apóstoles encomendó el mismo Cristo Nuestro Señor el supremo cuidado y potestad de apacentar los corderos y las ovejas, de robustecer a los hermanos en la fe y de regir y gobernar la universal Iglesia. Ahora bien, nuestros predecesores se gloriaron muy mucho de establecer con su apostólica autoridad, en la romana Iglesia la fiesta de la Concepción, y darle más auge y esplendor con propio oficio y misa propia, en los que clarísimamente se afirmaba la prerrogativa de la inmunidad de la mancha hereditaria, y de promover y ampliar con toda suerte de industrias el culto ya establecido, ora con la concesión de indulgencias, ora con el permiso otorgado a las ciudades, provincias y reinos de que tomasen por patrona a la Madre de Dios bajo el título de la Inmaculada Concepción, ora con la aprobación de sodalicios, congregaciones, institutos religiosos fundados en honra de la Inmaculada Concepción, ora alabando la piedad de los fundadores de monasterios, hospitales, altares, templos bajo el título de la Inmaculada Concepción, o de los que se obligaron con voto a defender valientemente la Concepción Inmaculada de la Madre de Dios. Grandísima alegría sintieron además en decretar que la, festividad de la Concepción debía considerarse por toda la Iglesia exactamente como la de la Natividad, y que debía celebrarse por la universal Iglesia con octava, y que debía ser guardada santamente por todos como las de precepto, y que había de haber capilla papal en nuestra patriarcal basílica Liberiana anualmente el día dedicado a la Concepción de la Virgen. Y deseando fomentar cada día más en las mentes de los fieles el conocimiento de la doctrina de la Concepción Inmaculada de María Madre de Dios y estimularles al culto y veneración de la misma Virgen concebida sin mancha original, gozáronse en conceder, con la mayor satisfacción posible, permiso para que públicamente se proclamase en las letanías lauretanas, y en él mismo prefacio de la misa, la Inmaculada Concepción de la Virgen, y se estableciese de esa manera con la ley misma de orar la norma de la fe. Nos, además, siguiendo fielmente las huellas de tan grandes predecesores, no sólo tuvimos por buenas y aceptamos todas las cosas piadosísima y sapientísimamente por los mismos establecidas, sino también, recordando lo determinado por Sixto IV, dimos nuestra autorización al oficio propio de la Inmaculada Concepción y de muy buen grado concedimos su uso a la universal Iglesia.

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4. Débese a los papas la determinación exacta del culto de la Inmaculada





Mas, como quiera que las cosas relacionadas con el culto está intima y totalmente ligadas con su objeto, y no pueden permanecer firmes en su buen estado si éste queda envuelto en la vaguedad y ambigüedad, por eso nuestros predecesores romanos Pontífices, qué se dedicaron con todo esmero al esplendor del culto de la Concepción, pusieron también todo su empeño en esclarecer e inculcar su objeto y doctrina. Pues con plena claridad enseñaron que se trataba de festejar la concepción de la Virgen, y proscribieron, como falsa y muy lejana a la mente de la Iglesia, la opinión de los que opinaban y afirmaban que veneraba la Iglesia, no la concepción, sino la santificación. Ni creyeron que debían tratar con suavidad a los que, con el fin de echar por tierra la doctrina de la Inmaculada Concepción de la Virgen, distinguiendo entre el primero o y segundo instante y momento de la concepción, afirmaban que ciertamente se celebraba la concepción, mas no en el primer instante y momento. Pues nuestros mismos predecesores juzgaron que era su deber defender y propugnar con todo celo, como verdadero Objeto del culto, la festividad de la Concepción de la santísima Virgen, y concepción en el primer instante. De ahí las palabras verdaderamente decisivas con que Alejandro VII, nuestro predecesor, declaró la clara mente de la Iglesia, diciendo: Antigua por cierto es la piedad de los fieles cristianos para con la santísima Madre Virgen María, que sienten que su alma, en el primer instante de su creación e infusión en el cuerpo, fue preservada inmune de la mancha del pecado original, por singular gracia y privilegio de Dios, en atención a los méritos de su hijo Jesucristo, redentor del género humano, y que, en este sentido, veneran y celebran con solemne ceremonia la fiesta de su Concepción. (Const. "Sollicitudo omnium Ecclesiarum", 8 de diciembre de 1661).

Y, ante todas cosas, fue costumbre también entre los mismos predecesores nuestros defender, con todo cuidado, celo y esfuerzo, y mantener incólume la doctrina de la Concepción Inmaculada de la Madre de Dios. Pues no solamente no toleraron en modo alguno que se atreviese alguien a mancillar y censurar la doctrina misma, antes, pasando más adelante, clarísima y repetidamente declararon que la doctrina con la que profesamos la Inmaculada Concepción de la Virgen era y con razón se tenía por muy en armonía con el culto eclesiástico y por antigua y casi universal, y era tal que la romana Iglesia se había encargado de su fomento y defensa y que era dignísima que se le diese cabida en la sagrada liturgia misma y en las oraciones públicas

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5. Los papas prohibieron la doctrina contraria.





Y, no contentos con esto, para que la doctrina misma de la Concepción Inmaculada de la Virgen permaneciese intacta, prohibieron severamente que se pudiese defender pública o privadamente la opinión contraria a esta doctrina y quisieron acabar con aquella a fuerza de múltiples golpes mortales. Esto no obstante, y a pesar de repetidas y clarísimas declaraciones, pasaron a las sanciones, para que estas no fueran vanas. Todas estas cosas comprendió el citado predecesor nuestro Alejandro VII con estas palabras:"Nos, considerando que la Santa Romana Iglesia celebra solemnemente la festividad de la Inmaculada siempre Virgen María, y que dispuso en otro tiempo un oficio especial y propio acerca de esto, conforme a la piadosa, devota, y laudable práctica que entonces emanó de Sixto IV, Nuestro Predecesor: y queriendo, a ejemplo de los Romanos Pontífices, Nuestros Predecesores, favorecer a esta laudable piedad y devoción y fiesta, y al culto en consonancia con ella, y jamás cambiado en la Iglesia Romana después de la institución del mismo, y (queriendo), además, salvaguardar esta piedad y devoción de venerar y celebrar la Santísima Virgen preservada del pecado original, claro está, por la gracia proveniente del Espíritu Santo; y deseando conservar en la grey de Cristo la unidad del espíritu en los vínculos de la paz (Efes. 4, 3), apaciguados los choques y contiendas y, removidos los escándalos: en atención a la instancia a Nos presentada y a las preces de los mencionados Obispos con los cabildos de sus iglesias y del rey Felipe y de sus reinos; renovamos las Constituciones y decretos promulgados por los Romanos Pontífices, Nuestro Predecesores, y principalmente por Sixto IV, Pablo V y Gregorio XV en favor de la sentencia que afirma que el alma de Santa María Virgen en su creación, en la infusión del cuerpo fue obsequiada con la gracia del Espíritu Santo y preservada del pecado original y en favor también de la fiesta y culto de la Concepción de la misma Virgen Madre de Dios, prestado, según se dice, conforme a esa piadosa sentencia, y mandamos que se observe bajo las censuras y penas contenidas en las mismas Constituciones.

Y además, a todos y cada uno de los que continuaren interpretando las mencionadas Constituciones o decretos, de suerte que anulen el favor dado por éstas a dicha sentencia y fiesta o culto tributado conforme a ella, u osaren promover una disputa sobre esta misma sentencia, fiesta o culto, o hablar, predicar, tratar, disputar contra estas cosas de cualquier manera, directa o indirectamente o con cualquier pretexto, aún examinar su definibilidad, o de glosar o interpretar la Sagrada Escritura o los Santos Padres o Doctores, finalmente con cualquier pretexto u ocasión por escrito o de palabra, determinando y afirmando cosa alguna contra ellas, ora aduciendo argumentos contra ellas y dejándolos sin solución, ora discutiendo de cualquier otra manera inimaginable; fuera de las penas y censuras contenidas en las Constituciones de Sixto IV, a las cuales queremos someterles, y por las presentes les sometemos, queremos también privarlos del permiso de predicar, dar lecciones públicas, o de enseñar, y de interpretar, y de voz activa y pasiva en cualesquiera elecciones por el hecho de comportarse de ese modo y sin otra declaración alguna en las penas de inhabilidad perpetua para predicar y dar lecciones públicas, enseñar e interpretar; y que no pueden ser absueltos o dispensados de estas cosas sino por Nos mismo o por Nuestros Sucesores los Romanos Pontífices; y queremos asimismo que sean sometidos, y por las presentes sometemos a los mismos a otras penas infligibles, renovando las Constituciones o decretos de Paulo V y de Gregorio XV, arriba mencionados.

Prohibimos, bajo las penas y censuras contenidas en el Índice de los libros prohibidos, los libros en los cuales se pone en duda la mencionada sentencia, fiesta o culto conforme a ella, o se escribe o lee algo contra esas cosas de la manera que sea, como arriba queda dicho, o se contienen frase, sermones, tratados y disputas contra las mismas, editados después del decreto de Paulo V arriba citado, o que se editaren de la manera que sea en lo porvenir por expresamente prohibidos, ipso facto y sin más declaración."

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6. Sentir unánime de los doctos obispos y religiosos.




Mas todos saben con qué celo tan grande fue expuesta, afirmada y defendida esta doctrina de la Inmaculada Concepción de la Virgen Madre de Dios por las esclarecidísimas familias religiosas y por las más concurridas academias teológicas y por los aventajadísimos doctores en la ciencia de las cosas divinas. Todos, asimismo, saben con qué solicitud tan grande hayan abierta y públicamente profesado los obispos, aun en las mismas asambleas eclesiásticas, que la santísima Madre de Dios, la Virgen María, en previsión de los merecimientos de Cristo Señor Redentor, nunca estuvo sometida al pecado, sino que fue totalmente preservada de la mancha original, y, de consiguiente, redimida de más sublime manera.

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7. El concilio de Trento y la tradición




Ahora bien, a estas cosas se añade un hecho verdaderamente de peso y sumamente extraordinario, conviene a saber: que también el concilio Tridentino mismo, al promulgar el decreto dogmático del pecado original, por el cual estableció y definió, conforme a los testimonios de las sagradas Escrituras y de los Santos Padres y de los recomendabilísimos concilios, que los hombres nacen manchados por la culpa original, sin embargo, solemnemente declaró que no era su intención incluir a la santa e Inmaculada Virgen Madre de Dios en el decreto mismo y en una definición tan amplia. Pues con esta declaración suficientemente insinuaron los Padres tridentinos, dadas las circunstancias de las cosas y de los tiempos, que la misma santísima Virgen había sido librada de la mancha original, y hasta clarísimamente dieron a entender que no podía aducirse fundadamente argumento alguno de las divinas letras, de la tradición, de la autoridad de los Padres que se opusiera en manera alguna a tan grande prerrogativa de la Virgen.

Y, en realidad de verdad, ilustres monumentos de la venerada antigüedad de la Iglesia oriental y occidental vigorosísimamente testifican que esta doctrina de la Concepción Inmaculada de la santísima, Virgen, tan espléndidamente explicada, declarada, confirmada cada vez más por el gravísimo sentir, magisterio, estudio, ciencia y sabiduría de la Iglesia, y tan maravillosamente propagada entre todos los pueblos y naciones del orbe católico, existió siempre en la misma Iglesia como recibida de los antepasados y distinguida con el sello de doctrina revelada.

Pues la Iglesia de Cristo, diligente custodia y defensora de los dogmas a ella confiados, jamás cambia en ellos nada, ni disminuye, ni añade, antes, tratando fiel y sabiamente con todos sus recursos las verdades que la antigüedad ha esbozado y la fe de los Padres ha sembrado, de tal manera trabaja por limarlas y pulirlas, que los antiguos dogmas de la celestial doctrina reciban claridad, luz, precisión, sin que pierdan, sin embargo, su plenitud, su integridad, su índole propia, y se desarrollen tan sólo según su naturaleza; es decir el mismo dogma, en el mismo sentido y parecer.

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8. Sentir de los Santos Padres y de los escritores eclesiásticos




Y por cierto, los Padres y escritores de la Iglesia, adoctrinados por las divinas enseñanzas, no tuvieron tanto en el corazón, en los libros compuestos para explicar las Escrituras, defender los dogmas, y enseñar a los fieles, como el predicar y ensalzar de muchas y maravillosas maneras, y a porfía, la altísima santidad de la Virgen, su dignidad, y su inmunidad de toda mancha de pecado, y su gloriosa victoria del terrible enemigo del humano linaje.


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9. El Protoevangelio




Por lo cual, al glosar las palabras con las que Dios, vaticinando en los principios del mundo los remedios de su piedad dispuestos para la reparación de los mortales, aplastó la osadía de la engañosa serpiente levantó maravillosamente la esperanza de nuestro linaje, diciendo: Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya; enseñaron que, con este divino oráculo, fue de antemano designado clara y patentemente el misericordioso Redentor del humano linaje, es decir, el unigénito Hijo de Dios Cristo Jesús, y designada la santísima Madre, la Virgen María, y al mismo tiempo brillantemente puestas de relieve las mismísimas enemistades de entrambos contra el diablo. Por lo cual, así como Cristo, mediador de Dios y de los hombres, asumida la naturaleza humana, borrando la escritura del decreto que nos era contrario, lo clavó triunfante en la cruz, así la santísima Virgen, unida a Él con apretadísimo e indisoluble vínculo hostigando con Él y por Él eternamente a la venenosa serpiente, y de la misma triunfando en toda la línea, trituró su cabeza con el pie inmaculado.

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10. Figuras bíblicas de María



Este eximio y sin par triunfo de la Virgen, y excelentísima inocencia, pureza, santidad y su integridad de toda mancha de pecado e inefable abundancia y grandeza de todas las gracias, virtudes y privilegios, viéronla los mismos Padres ya en el arca de Noé que, providencialmente construida, salió totalmente salva e incólume del común naufragio de todo el mundo; ya en aquella escala que vio Jacob que llegaba de la tierra al cielo y por cuyas gradas subían y bajaban los ángeles de Dios y en cuya cima se apoyaba el mismo Señor; ya en la zarza aquélla que contempló Moisés arder de todas partes y entré el chisporroteo de las llamas no se consumía o se gastaba lo más mínimo, sino que hermosamente reverdecía y florecía; ora en aquella torre inexpugnable al enemigo, de la cual cuelgan mil escudos y toda suerte de armas de los fuertes; ora en aquel huerto cerrado que no logran violar ni abrir fraudes y trampas algunas; ora en aquella resplandeciente ciudad de Dios, cuyos fundamentos se asientan en los montes santos a veces en aquel augustísimo templo de Dios que, aureolado de resplandores divinos, está lleno, de la gloria de Dios; a veces en otras verdaderamente innumerables figuras de la misma clase, con las que los Padres enseñaron que había sido vaticinada claramente la excelsa dignidad de la Madre de Dios, y su incontaminada inocencia, y su santidad, jamás sujeta a mancha alguna.

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11. Los profetas.




Para describir este mismo como compendio de divinos dones y la integridad original de la Virgen, de la que nació Jesús, los mismos [Padres], sirviéndose de las palabras de los profetas, no festejaron a la misma augusta Virgen de otra manera que como a paloma pura, y a Jerusalén santa, y a trono excelso de Dios, y a arca de santificación, y a casa que se construyó la eterna Sabiduría, y a la Reina aquella que, rebosando felicidad y apoyada en su Amado, salió de la boca del Altísimo absolutamente perfecta, hermosa y queridísima de Dios y siempre libre de toda mancha.

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12. El Ave María y el Magnificat





Mas atentamente considerando los mismos Padres y escritores de la Iglesia que la santísima Virgen había sido llamada llena de gracia, por mandato y en nombre del mismo Dios, por el Gabriel cuando éste le anunció la altísima dignidad de Madre de Dios, enseñaron que, con ese singular y solemne saludo, jamás oído, se manifestaba que la Madre de Dios era sede de todas las gracias divinas y que estaba adornada de todos los carismas del divino Espíritu; más aún, que era como tesoro casi infinito de los mismos, y abismo inagotable, de suerte que, jamás sujeta a la maldición y partícipe, juntamente con su Hijo, de la perpetua bendición, mereció oír de Isabel, inspirada por el divino Espíritu: Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.

De ahí se deriva su sentir no menos claro. que unánime, según el cual la gloriosísima Virgen, en quien hizo cosas grandes el Poderoso, brilló con tal abundancia de todos los dones celestiales, con tal plenitud de gracia y con tal inocencia, que resultó como un inefable milagro de Dios, más aún, como el milagro cumbre de todos los milagros y digna Madre de Dios, y allegándose a Dios mismo, según se lo permitía la condición de criatura, lo más cerca posible, fue superior a toda alabanza humana y angélica.

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13. Paralelo entre María y Eva





Y, de consiguiente, para defender la original inocencia y santidad de la Madre de Dios, no sólo la compararon muy frecuentemente con Eva todavía virgen, todavía inocente, todavía incorrupta y todavía no engañada por las mortíferas asechanzas de la insidiosísima serpiente, sino también la antepusieron a ella con maravillosa variedad de palabras y pensamientos. Pues Eva, miserablemente complaciente con la serpiente, cayó de la original inocencia y se convirtió en su esclava; mas la santísima Virgen aumentando de continuo el don original, sin prestar jamás atención a la serpiente, arruinó hasta los cimientos su poderosa fuerza con la virtud recibida de lo alto.

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14. Expresiones de alabanza





Por lo cual jamás dejaron de llamar a la Madre de Dios o lirio entre espinas, o tierra absolutamente intacta, virginal, sin mancha , inmaculada, siempre bendita, y libre de toda mancha de pecado, de la cual se formó el nuevo Adán; o paraíso intachable, vistosísimo, amenísimo de inocencia, de inmortalidad y de delicias, por Dios mismo plantado y defendido de toda intriga de la venenosa serpiente; o árbol inmarchitable, que jamás carcomió el gusano del pecado; o fuente siempre limpia y sellada por la virtud del Espíritu Santo; o divinísimo templo o tesoro de inmortalidad, o la única y sola hija no de la muerte, sino de la vida, germen no de la ira, sino de la gracia, que, por singular providencia de Dios, floreció siempre vigoroso de una raíz corrompida y dañada, fuera de las leyes comúnmente establecidas. Mas, como si éstas cosas, aunque muy gloriosas, no fuesen suficientes, declararon, con propias y precisas expresiones, que, al tratar de pecados, no se había de hacer la más mínima mención de la santa Virgen María, a la cual se concedió más gracia para triunfar totalmente del pecado; profesaron además que la gloriosísima Virgen fue reparadora de los padres, vivificadora de los descendientes, elegida desde la eternidad, preparada para sí por el Altísimo, vaticinada por Dios cuando dijo a la serpiente: Pondré enemistades entre ti y la mujer, que ciertamente trituró la venenosa cabeza de la misma serpiente, y por eso afirmaron que la misma santísima Virgen fue por gracia limpia de toda mancha de pecado y libre de toda mácula de cuerpo, alma y entendimiento, y que siempre estuvo con Dios, y unida con Él con eterna alianza, y que nunca estuvo en las tinieblas, sino en la luz, y, de consiguiente, que fue aptísima morada para Cristo, no por disposición corporal, sino por la gracia original.

A éstos hay que añadir los gloriosísimos dichos con los que, hablando de la concepción de la Virgen, atestiguaron que la naturaleza cedió su puesto a la gracia, paróse trémula y no osó avanzar; pues la Virgen Madre de Dios no había de ser concebida de Ana antes que la gracia diese su fruto: porque convenía, a la verdad, que fuese concebida la primogénita de la que había de ser concebido el primogénito de toda criatura.

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15. ¡¡Inmaculada!!




Atestiguaron que la carne de la Virgen tomada de Adán no recibió las manchas de Adán, y, de consiguiente, que la Virgen Santísima es el tabernáculo creado por el mismo Dios, formado por el Espíritu Santo, y que es verdaderamente de púrpura, que el nuevo Beseleel elaboró con variadas labores de oro, y que Ella es, y con razón se la celebra, como la primera y exclusiva obra de Dios, y como la que salió ilesa de los igníferos dardos del maligno, y como la que hermosa por naturaleza y totalmente inocente, apareció al mundo como aurora brillantísima en su Concepción Inmaculada. Pues no caía bien que aquel objeto de elección fuese atacado, de la universal miseria, pues, diferenciándose inmensamente de los demás, participó de la naturaleza, no de la culpa; más aún, muy mucho convenía que como el unigénito tuvo Padre en el cielo, a quien los serafines ensalzan por Santísimo, tuviese también en la tierra Madre que no hubiera jamás sufrido mengua en el brillo de su santidad.

Y por cierto, esta doctrina había penetrado en las mentes y corazones de los antepasados de tal manera, que prevaleció entre ellos la singular y maravillosísima manera de hablar con la que frecuentísimamente se dirigieron a la Madre de Dios llamándola inmaculada, y bajo todos los conceptos inmaculada, inocente e inocentísima, sin mancha y bajo todos los aspectos, inmaculada, santa y muy ajena a toda mancha, toda pura, toda sin mancha, y como el ideal de pureza e inocencia, más hermosa que la hermosura, mas ataviada que el mismo ornato, mas santa que la santidad, y sola santa, y purísima en el alma y en el cuerpo, que superó toda integridad y virginidad, y sola convertida totalmente en domicilio de todas las gracias del Espíritu Santo, y que, la excepción de sólo Dios, resultó superior a todos, y por naturaleza más hermosa y vistosa y santa que los mismos querubines y serafines y que toda la muchedumbre de los ángeles, y cuya perfección no pueden, en modo alguno, glorificar dignamente ni las lenguas de los ángeles ni las de los hombres. Y nadie desconoce que este modo de hablar fue trasplantado como espontáneamente, a la santísima liturgia y a los oficios eclesiásticos, y que nos encontramos a cada paso con él y que lo llena todo, pues en ellos se invoca y proclama a la Madre de Dios como única paloma de intachable hermosura, como rosa siempre fresca, y en todos los aspectos purísima, y siempre inmaculada y siempre santa, y es celebrada como la inocencia, que nunca sufrió menoscabo, y, como segunda Eva, que dio a luz al Emmanuel.

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16. Universal consentimiento y peticiones de la definición dogmática





No es, pues, de maravillar que los pastores de la misma Iglesia y los pueblos fieles se hayan gloriado de profesar con tanta piedad, religión y amor la doctrina de la Concepción Inmaculada de la Virgen Madre de Dios, según el juicio de los Padres, contenida en las divinas Escrituras, confiada a la posteridad con testimonios gravísimos de los mismos, puesta de relieve y cantada por tan gloriosos monumentos de la veneranda antigüedad, y expuesta y defendida por el sentir soberano y respetabilísima autoridad de la Iglesia, de tal modo que a los mismos no les era cosa más dulce, nada más querido, que agasajar, venerar, invocar y hablar en todas partes con encendidísimo afecto a la Virgen Madre de Dios, concebida sin mancha original. Por lo cual, ya desde los remotos tiempos, los prelados, los eclesiásticos, las Ordenes religiosas, y aun los mismos emperadores y reyes, suplicaron ahincadamente a esta Sede Apostólica que fuese definida como dogma de fe católica la Inmaculada Concepción de la santísima Madre de Dios. Y estas peticiones se repitieron también en estos nuestros tiempos, y fueron muy principalmente presentadas a Gregorio XVI, nuestro predecesor, de grato recuerdo, y a Nos mismo, ya por los obispos, ya por el clero secular, ya por las familias religiosas, y por los príncipes soberanos y por los fieles pueblos. Nos, pues, teniendo perfecto conocimiento de todas estas cosas, con singular gozo de nuestra alma y pesándolas seriamente, tan pronto como, por un misterioso plan de la divina Providencia, fuimos elevados, aunque sin merecerlo, a esta sublime Cátedra de Pedro para hacernos cargo del gobierno de la universal Iglesia, no tuvimos, ciertamente, tanto en el, corazón, conforme a nuestra grandísima veneración, piedad y amor para con la santísima Madre de Dios, la Virgen María, ya desde la tierna infancia sentidos, como llevar al cabo todas aquellas cosas que todavía deseaba la Iglesia, conviene a saber: dar mayor incremento al honor de la santísima Virgen y poner en mejor luz sus prerrogativas.

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17. Labor preparatoria





Mas queriendo extremar la prudencia, formamos una congregación, de NN. VV. HH. de los cardenales de la S.R.I., distinguidos por su piedad, don de consejo y ciencia de las cosas divinas, y escogimos a teólogos eximios, tanto el clero secular como regular, para que considerasen escrupulosamente todo lo referente a la Inmaculada Concepción de la Virgen y nos expusiesen su propio parecer. Mas aunque, a juzgar por las peticiones recibidas, nos era plenamente conocido el sentir decisivo de muchísimos prelados acerca de la definición de la Concepción Inmaculada de la Virgen, sin embargo, escribimos el 2 de febrero de 1849 en Cayeta una carta encíclica, a todos los venerables hermanos del orbe católico, los obispos, con el fin de que, después de orar a Dios, nos manifestasen también a Nos por escrito cuál era la piedad y devoción de sus fieles para con la Inmaculada Concepción de la Madre de Dios, y qué sentían mayormente los obispos mismos acerca de la definición o qué deseaban para poder dar nuestro soberano fallo de la manera más solemne posible.

No fue para Nos consuelo exiguo la llegada de las respuestas de los venerables hermanos. Pues los mismos, respondiéndonos con una increíble complacencia, alegría y fervor, no sólo reafirmaron la piedad y sentir propio y de su clero y pueblo respecto de la Inmaculada Concepción de la santísima Virgen, sino también todos a una ardientemente nos pidieron que definiésemos la Inmaculada Concepción de la Virgen con nuestro supremo y autoritativo fallo. Y, entre tanto, no nos sentimos ciertamente inundados de menor gozo cuando nuestros venerables hermanos los cardenales de la S.R.I., que formaban la mencionada congregación especial, y los teólogos dichos elegidos por Nos, después de un diligente examen de la cuestión, nos pidieron con igual entusiasta fervor la definición de la Inmaculada Concepción de la Madre de Dios.

Después de estas cosas, siguiendo las gloriosas huellas de nuestros predecesores, y deseando proceder con omnímoda rectitud, convocamos y celebramos consistorio, en el cual dirigimos la palabra a nuestros venerables hermanos los cardenales de la santa romana Iglesia, y con sumo consuelo de nuestra alma les oímos pedirnos que tuviésemos a bien definir el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen Madre de Dios.

Así, pues, extraordinariamente confiados en el Señor de que ha llegado el tiempo oportuno de definir la Inmaculada Concepción de la Madre de Dios la Virgen María, que maravillosamente esclarecen y declaran las divinas Escrituras, la venerable tradición, el perpetuo sentir de la Iglesia, el ansia unánime y singular de los católicos prelados y fieles, los famosos hechos y constituciones de nuestros predecesores; consideradas todas las cosas con suma diligencia, y dirigidas a Dios constantes y fervorosas oraciones, hemos juzgado que Nos, no debíamos, ya titubear en sancionar o definir con nuestro fallo soberano la Inmaculada Concepción de la Virgen, y de este modo complacer a los piadosísimos deseos del orbe católico, y a nuestra piedad con la misma santísima Virgen, y juntamente glorificar y más y más en ella a su unigénito Hijo nuestro Señor Jesucristo, pues redunda en el Hijo el honor y alabanza dirigidos a la Madre.






18. Definición

Por lo cual, después de ofrecer sin interrupción a Dios Padre, por medio de su Hijo, con humildad y penitencia, nuestras privadas oraciones y las públicas de la Iglesia, para que se dignase dirigir y afianzar nuestra mente con la virtud del Espíritu Santo, implorando el auxilio de toda corte celestial, e invocando con gemidos el Espíritu paráclito, e inspirándonoslo él mismo, para honra de la santa e individua Trinidad, para gloria y prez de la Virgen Madre de Dios, para exaltación de la fe católica y aumento de la cristiana religión, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, con la de los santos apóstoles Pedro y Pablo, y con la nuestra: declaramos, afirmamos y definimos que ha sido revelada por Dios, y de consiguiente, qué debe ser creída firme y constantemente por todos los fieles, la doctrina que sostiene que la santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original, en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, salvador del género humano. Por lo cual, si algunos presumieren sentir en su corazón contra los que Nos hemos definido, que Dios no lo permita, tengan entendido y sepan además que se condenan por su propia sentencia, que han naufragado en la fe, y que se han separado de la unidad de la Iglesia, y que además, si osaren manifestar de palabra o por escrito o de otra cualquiera manera externa lo que sintieren en su corazón, por lo mismo quedan sujetos a las penas establecidas por el derecho.

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19. Sentimientos de esperanza y exhortación final




Nuestra boca está llena de gozo y nuestra lengua de júbilo, y damos humildísimas y grandísimas gracias a nuestro Señor Jesucristo, y siempre se las daremos, por habernos concedido aun sin merecerlo, el singular beneficio de ofrendar y decretar este honor, esta gloria y alabanza a su santísima Madre. Mas sentimos firmísima esperanza y confianza absoluta de que la misma santísima Virgen, que toda hermosa e inmaculada trituró la venenosa cabeza de la cruelísima serpiente, y trajo la salud al mundo, y que gloria de los profetas y apóstoles, y honra de los mártires, y alegría y corona de todos los santos, y que refugio segurísimo de todos los que peligran, y fidelísima auxiliadora y poderosísima mediadora y conciliadora de todo el orbe de la tierra ante su unigénito Hijo, y gloriosísima gloria y ornato de la Iglesia santo, y firmísimo baluarte destruyó siempre todas las herejías, y libró siempre de las mayores calamidades de todas clases a los pueblos fieles y naciones, y a Nos mismo nos sacó de tantos amenazadores peligros; hará con su valiosísimo patrocinio que la santa Madre católica Iglesia, removidas todas las dificultades, y vencidos todos los errores, en todos los pueblos, en todas partes, tenga vida cada vez más floreciente y vigorosa y reine de mar a mar y del río hasta los términos de la tierra, y disfrute de toda paz, tranquilidad y libertad, para que consigan los reos el perdón, los enfermos el remedio, los pusilánimes la fuerza, los afligidos el consuelo, los que peligran la ayuda oportuna, y despejada la oscuridad de la mente, vuelvan al camino de la verdad y de la justicia los desviados y se forme un solo redil y un solo pastor.

Escuchen estas nuestras palabras todos nuestros queridísimos hijos de la católica Iglesia, y continúen, con fervor cada vez más encendido de piedad, religión y amor, venerando, invocando, orando a la santísima Madre de Dios, la Virgen María, concebida sin mancha de pecado original, y acudan con toda confianza a esta dulcísima Madre de misericordia y gracia en todos los peligros, angustias, necesidades, y en todas las situaciones oscuras y tremendas de la vida. Pues nada se ha de temer, de nada hay que desesperar, si ella nos guía, patrocina, favorece, protege, pues tiene para con nosotros un corazón maternal, y ocupada en los negocios de nuestra salvación, se preocupa de todo el linaje humano, constituida por el Señor Reina del cielo y de la tierra y colocada por encima de todos los coros de los ángeles y coros de los santos, situada a la derecha de su unigénito Hijo nuestro Señor Jesucristo, alcanza con sus valiosísimos ruegos maternales y encuentra lo que busca, y no puede, quedar decepcionada.

Finalmente, para que llegué al conocimiento de la universal Iglesia esta nuestra definición de la Inmaculada Concepción de la santísima Virgen María, queremos que, como perpetuo recuerdo, queden estas nuestras letra apostólicas; y mandamos que a sus copias o ejemplares aún impresos, firmados por algún notario público y resguardados por el sello de alguna persona eclesiástica constituida en dignidad, den todos, exactamente el mismo crédito que darían a éstas, si les fuesen presentadas y mostradas.

A nadie, pues, le sea permitido quebrantar esta, página de nuestra declaración, manifestación, y definición, y oponerse a ella y hacer la guerra con osadía temeraria. Mas si alguien presumiese intentar hacerlo, sepa que incurrirá en la indignación de Dios y de los santos apóstoles Pedro y Pablo.
























Querido patriarca san José,
protégenos, 
como protegiste a María Madre y al Niño Dios....
Nos vemos en Belén, para adorarlo también nosotros.!!!..